A un año del manifiesto 1mpul50

15 de octubre de 2025 · 15 de octubre de 2026

A un año del manifiesto

De la advertencia a la acción: prepararnos para cuidar a quienes tenemos cerca.

AprendizajeSolidaridadContención

El 15 de octubre de 2025 publicamos el Manifiesto 1mpul50. Planteábamos entonces que las condiciones materiales de la vida estaban cambiando, que la estabilidad sobre la que habíamos construido nuestras sociedades no podía darse por garantizada y que necesitábamos recuperar capacidades que habíamos delegado casi por completo en el mercado, la tecnología y las instituciones.


Un año después . . . las noticias empiezan a poner esas preocupaciones frente a nuestros ojos.

No escribimos para celebrar una predicción. Es demasiado lo que está en juego como para conformarnos con tener razón. Como dijimos entonces, nuestra actitud no es de alarma, sino de presencia.

Si los riesgos se vuelven más visibles, nuestra responsabilidad es prepararnos y ayudar a los demás a prepararse.

El Niño ya muestra sus efectos

El Servicio Meteorológico Nacional anticipó, en su pronóstico trimestral del 30 de septiembre, lluvias superiores a lo normal para octubre, noviembre y diciembre de 2026. El Litoral aparece con la mayor probabilidad, y el pronóstico alcanza también al oeste de la provincia de Buenos Aires. Eso implica que El Niño seguirá vigente en los próximos meses.

Las noticias ya muestran las consecuencias.

Oct–Dic 2026

Lluvias superiores a lo normal, con el Litoral como región de mayor probabilidad.

SMN, pronóstico trimestral

+12.000 m³/s

Caudal del río Iguazú el 12 de octubre, más de seis veces su promedio. Se cerró el acceso turístico a las Cataratas.

Prensa nacional, 12/10

Evacuaciones

La crecida del río Uruguay obligó a evacuar a decenas de personas en Concordia (Entre Ríos) y Paso de los Libres (Corrientes).

Reportes municipales, 12/10

Detrás de cada cifra hay familias que deben abandonar sus hogares y comunidades cuya vida cotidiana queda comprometida. Todavía es pronto para dimensionar el alcance total de los daños. Tampoco corresponde atribuir automáticamente cada inundación a El Niño: los acontecimientos locales dependen de múltiples factores, entre ellos las precipitaciones en las cuencas, las condiciones del suelo, la infraestructura y la vulnerabilidad del territorio.

Pero hay una conclusión práctica que no necesita esperar a que termine la discusión científica: cuando existen alertas fundadas, prepararse es una decisión racional.

La ribera sur también debe prepararse

Quienes vivimos en Quilmes conocemos las sudestadas, las crecidas del Río de la Plata y las lluvias intensas que pueden anegar calles, afectar viviendas y complicar la circulación.

No se trata de anunciar que toda la ribera sur sufrirá inundaciones continuas ni de afirmar que El Niño provocará necesariamente una sucesión de sudestadas. Son fenómenos diferentes y sus efectos locales deben evaluarse con información meteorológica e hidrológica específica.

El problema es otro: ¿qué sucede si varios factores adversos coinciden, si las precipitaciones intensas se repiten o si una emergencia hídrica se prolonga y afecta, además, los servicios de los que dependemos diariamente?

Una inundación no solo significa agua dentro de una vivienda. Puede significar también calles intransitables, dificultades para trasladarse, interrupciones eléctricas, problemas de abastecimiento y hogares que necesitan ayuda durante varios días.

El 15 de septiembre de 2026 se realizó en Villa Itatí, Quilmes, el encuentro «Gestión Comunitaria del Riesgo», organizado por Defensa Civil con el acompañamiento del OPISU y la participación de vecinos. Se identificaron amenazas y vulnerabilidades, se capacitó a los vecinos y se crearon planes de respuesta rápida y de comunicación comunitaria.

Es una señal importante: la preparación territorial no es una idea abstracta. Ya existen experiencias locales sobre las cuales construir.

Fuente: Provincia de Buenos Aires — Jornada preparatoria ante El Niño en Quilmes.

El riesgo no termina cuando deja de llover

Imaginemos una contingencia que afecte durante varios días a un barrio.

Se interrumpe el suministro eléctrico. Los teléfonos se quedan sin batería y la conectividad comienza a fallar. Algunas viviendas pierden el acceso al agua potable o reciben agua cuya calidad no está garantizada. Los comercios de proximidad tienen dificultades para reponer mercadería, mientras los supermercados enfrentan problemas de distribución, transporte o funcionamiento.

Electricidad→Teléfonos→Conectividad→Agua segura→Abastecimiento→Transporte

No es necesario afirmar que todos estos acontecimientos ocurrirán juntos para comprender su importancia. Son contingencias que conviene considerar en la preparación familiar y comunitaria. Nuestra vida cotidiana depende de una compleja red de servicios, y basta con que fallen algunos eslabones para que tareas aparentemente sencillas se vuelvan difíciles.

Sin electricidad, podemos perder iluminación, refrigeración y medios para cargar los teléfonos. Sin agua segura, cocinar, higienizarse y mantener condiciones sanitarias se vuelve más complicado. Si se interrumpe el transporte o la distribución comercial, incluso quienes tienen dinero disponible pueden encontrar dificultades para conseguir determinados productos.

Por eso, prepararse no significa acumular mercadería por miedo ni competir con los demás por los recursos disponibles. Significa reducir nuestra vulnerabilidad, anticipar necesidades y organizar la cooperación.

¿Qué podemos hacer desde ahora?

Cinco pasos concretos, para empezar por lo posible.

1Preparar cada hogarAprendizaje

Tener agua segura, alimentos no perecederos, una linterna, pilas, una radio portátil, un botiquín, los medicamentos habituales y los documentos protegidos de la humedad. Mantener los teléfonos cargados y disponer de una alternativa para iluminarnos cuando se interrumpe la electricidad.

Las cantidades y la duración de las reservas deben adaptarse al número de integrantes del hogar, las necesidades particulares y las recomendaciones oficiales. Si existe riesgo de inundación, hay que identificar una ruta de evacuación y seguir las instrucciones de las autoridades.

2Prever la falta de agua potableAprendizaje

Conocer cómo obtener agua segura y cómo conservarla. Ante una inundación, no debemos suponer que el agua de la canilla sigue siendo potable: hay que atender las indicaciones de las autoridades sanitarias y del prestador del servicio, y potabilizarla como ellos indiquen cuando sea necesario.

3Reducir la dependencia de la conectividadContención

Conservar en papel los teléfonos importantes, acordar con familiares un punto de encuentro y establecer cómo comunicarse si los teléfonos dejan de funcionar. Una radio portátil a pilas puede mantenernos informados cuando otros medios fallan.

4Pensar en la alimentación y los comercios de proximidadSolidaridad

Mantener una reserva doméstica razonable de alimentos que no requieran refrigeración y revisar cómo cubrir las necesidades de bebés, personas mayores, personas con discapacidad y quienes necesitan dietas o medicamentos específicos.

Los almacenes, farmacias y pequeños comercios también forman parte de la infraestructura de un barrio. Conocer sus necesidades y sus posibilidades de funcionamiento puede ayudar a planificar una respuesta local, sin suponer que tendrán mercadería o servicios disponibles durante una emergencia.

5Organizar redes de ayudaSolidaridad

Conocer a nuestros vecinos. Identificar quién puede necesitar asistencia para evacuar, quién dispone de herramientas, quién sabe reparar instalaciones y quién puede colaborar con transporte o cuidados.

Una red vecinal no reemplaza a Defensa Civil, a los servicios sanitarios ni a los organismos responsables de la emergencia. Los complementa mediante el conocimiento del territorio y la ayuda mutua, siempre que la colaboración se realice de forma segura. La prevención también consiste en saber cuándo no intervenir y pedir asistencia profesional.

Seguridad primero

No crucemos calles anegadas, a pie ni en vehículo: la profundidad y la corriente engañan.

Si el agua se acerca a la vivienda, cortemos la llave general de electricidad solo si podemos hacerlo en seco, y no toquemos instalaciones eléctricas mojadas.

Ante una emergencia, llamemos al 911. Defensa Civil atiende en el 103, y conviene tener anotado también el contacto de Defensa Civil de nuestro municipio.

Prepararse es una tarea colectiva

El Manifiesto 1mpul50 propuso tres consignas para la acción.

Mitigar

Reducir los impactos que podemos evitar o amortiguar. Cuidar el agua, proteger el suelo, reducir desperdicios y reconocer nuestra dependencia de los sistemas naturales.

Contener

Construir vínculos capaces de sostenernos cuando las condiciones habituales dejan de funcionar. Un vecino que ayuda a otro, una persona que enseña un oficio, una comunidad que comparte conocimientos.

Cultivar

Aprender, diversificar recursos, reparar, conservar y adaptarnos, para evitar que una dificultad se transforme en una catástrofe mayor por falta de preparación.

En el manifiesto escribimos:

«La autosuficiencia no es aislamiento; es cooperación consciente».

— Manifiesto 1mpul50, 15 de octubre de 2025

«No prometemos salvación; ofrecemos entrenamiento».

— Manifiesto 1mpul50, 15 de octubre de 2025

Y concluimos con una convocatoria que hoy conserva toda su fuerza:

Mitigar lo que dañe.

Contener lo que duela.

Cultivar lo que resista.

Estas ideas no resuelven por sí solas los problemas de infraestructura, la desigualdad ni las responsabilidades de los organismos públicos. Pero ofrecen una orientación para actuar mientras reclamamos y construimos las respuestas que cada nivel de responsabilidad debe aportar.

No podemos controlar el clima. Sí podemos mejorar la preparación de nuestros hogares, fortalecer las relaciones de confianza y organizar recursos que hoy permanecen dispersos.

Un año después: del manifiesto a las tareas

El 15 de octubre de 2025 planteamos una postura. Un año después, la pregunta ya no es solamente qué pensamos sobre el futuro, sino qué estamos haciendo para afrontar sus dificultades.

No necesitamos esperar una emergencia para conocer a nuestros vecinos, preparar una reserva razonable, aprender primeros auxilios, identificar rutas seguras o compartir conocimientos útiles. Tampoco necesitamos esperar a que una familia pierda sus bienes para descubrir que necesita ayuda.

«Cada día de relativa normalidad es una oportunidad para actuar, una ocasión para aprender lo que mañana puede salvarnos».

— Manifiesto 1mpul50, Llamado final

Desde 1mpul50 proponemos comenzar por lo posible: cada hogar, cada cuadra, cada comercio, cada organización y cada comunidad pueden identificar sus vulnerabilidades y desarrollar capacidades para reducirlas.

Habrá problemas que requieran obras públicas, inversiones, decisiones institucionales y soluciones que exceden por completo a una familia o un barrio. Reconocerlo no nos exime de actuar en aquello que sí está a nuestro alcance. El desafío consiste en unir ambas dimensiones: exigir las respuestas estructurales necesarias y, al mismo tiempo, construir cooperación territorial.

Porque las noticias sobre una emergencia pueden despertar nuestra atención, pero no alcanzan para prepararnos. Hace falta convertir la información en aprendizaje, el aprendizaje en organización y la organización en ayuda concreta.

No sirve tener razón si esa razón no mejora la vida de nadie.

El propósito no es demostrar que los tiempos difíciles llegaron. Es conseguir que, cuando una familia necesite ayuda, encuentre a alguien preparado para brindársela.

A un año del manifiesto, esa sigue siendo nuestra tarea.

Sumate a la tarea

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Formulario de adhesión

Actúa y organiza hoy. Resiste siempre.

Porque cada gesto es una semilla del porvenir.

1mpul50 — Acción local

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