La Resiliencia no se Decreta

1mpul50 · Género, territorio y clima · 2026
La resiliencia no se decreta
Género, territorio y autonomía en tiempos de transición climática
Horacio Covas · 2026 · 1mpul50

Durante años, gran parte del debate climático estuvo concentrado en emisiones, tecnologías, acuerdos internacionales y financiamiento verde. Sin embargo, a medida que las crisis ambientales comienzan a impactar sobre la vida cotidiana de millones de personas, emerge una pregunta más profunda:

¿Qué sociedades están realmente preparadas para resistir, adaptarse y reorganizarse frente a escenarios de incertidumbre prolongada?

La respuesta probablemente no dependa solamente de indicadores económicos ni de sofisticadas arquitecturas institucionales. Depende, sobre todo, de capacidades sociales concretas.

Principio central

La resiliencia no se decreta: se aprende, se practica y se organiza socialmente.

El reconocimiento institucional y sus límites

Ese punto resulta especialmente visible cuando organismos internacionales como el PNUD comienzan a incorporar perspectivas de género dentro de las políticas climáticas. El propio PNUD reconoce que las mujeres se ven desproporcionadamente afectadas por la degradación ambiental, el cambio climático y los desastres, pero también que son poderosas agentes de cambio en diferentes entornos y ecosistemas. El reconocimiento es importante y necesario. Pero quizás el desafío más complejo recién comienza allí.

Porque incluir perspectiva de género en la transición climática no debería limitarse únicamente a garantizar representación estadística o participación formal dentro de nuevas estructuras verdes. Las medidas climáticas no serán fructíferas ni sostenibles salvo que cuenten con la participación real de las mujeres. Y esa participación no es solo presencia: es capacidad real de producir, decidir y sostener.

También implica preguntarse qué tipo de economía, qué formas de producción y qué modelos de organización social serán capaces de sostener comunidades reales en escenarios de creciente fragilidad sistémica.

La experiencia que América Latina ya tiene

Y ahí América Latina posee una experiencia histórica frecuentemente subestimada.

Mucho antes de que conceptos como “economía circular”, “resiliencia territorial”, “transición justa” o “infraestructura social resiliente” ingresaran plenamente en la agenda global, numerosas comunidades latinoamericanas ya desarrollaban mecanismos prácticos de reorganización económica y cooperación social frente a crisis recurrentes.

Prácticas que ya existían
Redes de intercambio y monedas sociales
Producción local y recuperación de oficios
Sistemas de ayuda mutua y economías populares
Circuitos comunitarios de aprendizaje
Organización barrial y lógicas de prosumo

No como teorías académicas abstractas. Como estrategias concretas de supervivencia colectiva.

La Red Global de Trueque en Argentina fue uno de esos fenómenos. Surgida en los años noventa y expandida masivamente durante la crisis de 2001, permitió a millones de personas reconstruir capacidades económicas locales cuando gran parte de las estructuras tradicionales habían colapsado o se encontraban inaccesibles.

Aquella experiencia dejó una enseñanza que hoy vuelve a adquirir relevancia: la resiliencia no depende exclusivamente de grandes estructuras centralizadas, sino también de la capacidad distribuida de las comunidades para producir, intercambiar, aprender y cooperar territorialmente.

El rol invisible que sostuvo todo

En ese contexto, el rol de las mujeres resulta central.

Porque históricamente fueron muchas veces quienes sostuvieron redes de cuidado, economías domésticas, producción de proximidad, organización comunitaria, transmisión de saberes y mecanismos cotidianos de adaptación social.

PNUD — Climate Promise 2025

Al asumir roles en la respuesta a crisis, las mujeres se convierten en líderes comunitarias esenciales y modelos a seguir para las generaciones más jóvenes. Eso ocurrió con precisión en los clubes de trueque argentinos: sin planes asistenciales, sin reconocimiento institucional, miles de mujeres coordinaron nodos, organizaron ferias, sostuvieron circuitos productivos y preservaron el tejido comunitario durante décadas de inestabilidad.

Sin embargo, gran parte de esos aportes continúan invisibilizados dentro de modelos económicos tradicionales que solo reconocen valor en aquello que atraviesa circuitos financieros formales.

El riesgo silencioso de la economía verde

Existe entonces un riesgo silencioso: que la llamada “economía verde” termine reproduciendo nuevos techos de cristal bajo discursos sostenibles.

La transición energética, los empleos verdes, las finanzas climáticas o las estrategias ESG podrían derivar —si no existe democratización real del acceso económico y tecnológico— en nuevas formas de concentración de poder, dependencia territorial y exclusión social.

Una transición justa requiere

Reconocer a mujeres y diversidades como agentes de cambio y avanzar con justicia social, ambiental y de género simultáneamente. No en secuencia. No como etapas separadas. (PNUD, 2025)

Por eso la discusión climática no puede limitarse a reducir emisiones. También necesita preguntarse quién controla las capacidades productivas, quién accede al conocimiento, quién participa de las nuevas economías, y qué comunidades desarrollan verdadera autonomía práctica.

Qué significa realmente ser resiliente

Porque una sociedad resiliente no es simplemente aquella que recibe asistencia frente a las crisis.

Capacidades que definen la resiliencia real
Capacidad de producir localmente
Capacidad de intercambiar
Capacidad de aprender colectivamente
Capacidad de sostener vínculos sociales estables
Capacidad de generar respuestas distribuidas frente a escenarios complejos

Y esas capacidades no aparecen espontáneamente cuando ocurre una emergencia. Se construyen culturalmente durante años.

Tal vez por eso el debate climático contemporáneo necesite mirar menos hacia modelos exclusivamente tecnocráticos y más hacia experiencias territoriales concretas que ya han atravesado procesos de adaptación social en condiciones extremas.

No para romantizar la precariedad. Sino para comprender que la sostenibilidad real probablemente dependa menos de discursos globales y más de comunidades capaces de sostener vida digna en condiciones cambiantes.

La resiliencia, finalmente, no es un protocolo.
Es una práctica social.

Referencias
PNUD. (2025). Guía género y cambio climático: Manual práctico para incorporar la perspectiva de género en la agenda climática local. https://www.undp.org/es/uruguay/publicaciones/guia-genero-y-cambio-climatico
PNUD. Igualdad de género y naturaleza, clima y resiliencia ante desastres. https://www.undp.org/es/latin-america/igualdad-de-genero-y-naturaleza-clima-y-resiliencia-ante-desastres
PNUD Climate Promise. Las mujeres tienen la clave para la adaptación al cambio climático liderada a nivel local. https://climatepromise.undp.org/es/news-and-stories/mujeres-adaptacion-al-cambio-climatico-liderada-nivel-local
Covas, H. (2025a). Hacia una teoría del Factor P [Working paper]. Zenodo. https://doi.org/10.5281/zenodo.17910857
Covas, H. (2025c). El paradigma del techo de cristal frente a la experiencia del trueque. 1mpul50. https://1mpul50.blogspot.com/
La sostenibilidad real depende menos de discursos globales y más de comunidades capaces de sostener vida digna en condiciones cambiantes.
Resiliencia Género y clima Territorio Transición justa Economía solidaria Trueque América Latina

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