La Economía Social y Solidaria volvió a encontrarse en la UNQ
Balance de dos jornadas atravesadas por comunidad, memoria y territorio
La Universidad Nacional de Quilmes fue nuevamente escenario de una experiencia que excedió ampliamente el formato de una feria. Durante dos jornadas intensas desarrolladas el 19 y 20 de mayo, la Feria de la Economía Popular, Social y Solidaria reunió cooperativas, emprendimientos, organizaciones comunitarias, espacios culturales y experiencias territoriales que demostraron que otra economía no sólo es posible: ya existe, resiste y se organiza.
Para quienes participamos por primera vez desde el Club de Trueque y la Red Global de Trueque, la experiencia tuvo además un valor particularmente significativo. No sólo por la posibilidad de compartir nuestro recorrido histórico y nuestras propuestas vinculadas a la moneda social, el prosumidor y los intercambios comunitarios, sino también por el reconocimiento y el interés genuino que despertaron estas experiencias entre feriantes, organizadores y participantes.
Los testimonios compartidos por decenas de emprendedores y organizaciones dejaron una sensación común: la feria fue vivida como un espacio humano, cálido y profundamente colectivo. En los mensajes posteriores al encuentro aparecieron palabras como “compañerismo”, “encuentro”, “solidaridad”, “respeto”, “memoria”, “comunidad” y “abrazo”. No como consignas vacías, sino como descripción concreta de lo vivido durante ambas jornadas.
Muchos participantes destacaron el enorme esfuerzo organizativo, la predisposición de los equipos de fiscalización, el acompañamiento institucional de la UNQ y, sobre todo, la posibilidad de compartir saberes, historias y producciones en un contexto social y económico complejo. Varios emprendimientos señalaron que era su primera experiencia dentro de la feria y remarcaron la importancia de haber sido recibidos en un ámbito donde predominó la cooperación por sobre la competencia.
En ese marco, la presencia del Club de Trueque y de referentes históricos de la Red Global de Trueque tuvo un valor especialmente simbólico. Durante ambos días estuvieron presentes en el stand Carina Cantero, Claudia Mura y Carmen, coordinadoras de distintos clubes de trueque activos de la provincia de Buenos Aires. Su participación testimonia que las redes de intercambio continúan activas, adaptándose a nuevas realidades territoriales y sociales.
La experiencia del trueque multirreciproco sigue sosteniendo conceptos profundamente actuales: el rol del prosumidor —quien produce y consume dentro de la comunidad—, la circulación de moneda social, el fortalecimiento de economías locales y la reconstrucción de vínculos comunitarios frente a modelos económicos cada vez más excluyentes y dominados por la lógica financiera neoliberal.
La feria también permitió visibilizar cómo estas prácticas dialogan con nuevas generaciones, cooperativas culturales, espacios de inclusión, proyectos de salud comunitaria y experiencias productivas que encuentran en la economía social una herramienta concreta de supervivencia, dignidad y organización.
Un momento especialmente significativo fue la visita de Rodolfo Pastore al espacio del Club de Trueque. Su trayectoria y compromiso con el desarrollo de la Economía Social y Solidaria dentro de la Universidad Nacional de Quilmes representan una referencia académica, institucional y humana para innumerables experiencias territoriales. La imagen compartida junto a él sintetiza, de algún modo, el puente entre la construcción universitaria y las prácticas comunitarias que desde hace décadas sostienen redes solidarias en los barrios.
A cincuenta años de las luchas por “Memoria, Verdad y Justicia”, la feria dejó además otra reflexión de fondo: las economías solidarias no son únicamente mecanismos de intercambio. Son también espacios donde se preserva la memoria colectiva, se construyen vínculos sociales y se defiende la posibilidad de una comunidad organizada en tiempos de fragmentación.
Lo que ocurrió en la UNQ durante estos dos días no fue solamente una feria. Fue una demostración concreta de que existen entramados sociales activos capaces de generar producción, intercambio, afecto, organización y esperanza desde abajo y en red. Y eso, en el contexto actual, tiene un enorme valor político, humano y territorial.
Pero la experiencia también deja abierta una pregunta que quizás merezca comenzar a discutirse más profundamente:
Si la Universidad Nacional de Quilmes posee trayectoria en Economía Social y Solidaria, equipos académicos especializados, experiencias previas en finanzas solidarias, articulación territorial, desarrolladores tecnológicos, organizaciones comunitarias activas y una red concreta de productores y prosumidores organizados:
La pregunta no surge desde la teoría abstracta. Surge desde experiencias históricas y contemporáneas. Desde los clubes de trueque aún activos en la provincia de Buenos Aires. Desde las monedas sociales que continúan funcionando en distintos territorios. Y también desde antecedentes desarrollados dentro de la propia UNQ, como las investigaciones y experiencias vinculadas a finanzas solidarias y mercados solidarios impulsadas durante años por distintos equipos académicos y territoriales.
En un escenario donde las universidades públicas enfrentan fuertes restricciones presupuestarias, deterioro salarial docente y no docente, y crecientes dificultades para sostener múltiples actividades comunitarias, quizás valga la pena volver a discutir herramientas económicas complementarias capaces de fortalecer redes locales de intercambio, producción y cooperación.
No como reemplazo de la economía formal, sino como laboratorio social, territorial y académico orientado a ampliar capacidades comunitarias.
Tal vez allí exista una de las preguntas más interesantes que dejó esta feria:
si las comunidades ya están organizadas, los saberes existen y las necesidades son reales:
¿qué falta para que las universidades públicas también se animen a experimentar nuevas formas de economía solidaria en el siglo XXI?


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