Del “Tsunami del empleo” a la economía Prosumidora: el camino que ya está en marcha !

En los últimos meses, el consultor político Jaime Durán Barba volvió a instalar una idea inquietante: se aproxima un “tsunami” global impulsado por la inteligencia artificial, la digitalización y la aceleración tecnológica.

Según su diagnóstico, no estamos ante una crisis más, sino frente a una transformación estructural que podría redefinir el trabajo, la política y la organización social tal como la conocemos.

El planteo no es menor. Y en gran parte, es correcto.


El diagnóstico: cuando el sistema deja de absorber a las personas

Hay señales claras:

  • Automatización creciente de tareas cognitivas
  • Reducción del empleo estable
  • Fragmentación del tejido social
  • Pérdida de centralidad de las instituciones tradicionales

El problema no es solo económico. Es civilizatorio.

El sistema que durante décadas organizó la vida —empleo, salario, consumo— comienza a mostrar límites estructurales. Y frente a eso, aparecen dos respuestas típicas:

  1. Negar el problema
  2. Esperar soluciones desde el mismo sistema que lo genera

Ambas opciones son insuficientes.


El punto ciego: no falta trabajo, falta reconocerlo

Aquí aparece una diferencia clave.

El enfoque dominante interpreta el futuro como:

menos empleo = menos trabajo

Pero la evidencia territorial muestra otra cosa:

hay una enorme cantidad de trabajo real que no está siendo reconocido ni organizado

Producción local, oficios, cuidado, saberes, servicios, redes de intercambio …
todo eso existe, pero queda fuera del sistema formal.

No es ausencia de capacidad. Es desconexión estructural.



La otra lectura: el surgimiento del prosumidor

Frente a esta crisis, empieza a emerger una figura distinta:

El prosumidor

No como concepto teórico, sino como práctica concreta.

Un sujeto que:

  • produce y consume
  • intercambia y organiza
  • genera valor dentro de su comunidad
  • participa en redes horizontales

Esto no es nuevo en Argentina.
Tiene historia, territorio y experiencia acumulada.

Y hoy vuelve a aparecer con fuerza.


Redes horizontales: donde la economía se reorganiza

El encuentro regional de trueque que ilustra esta nota no es un hecho aislado.

Es parte de un fenómeno más amplio:

  • nodos territoriales
  • intercambios sin dinero oficial
  • organización distribuida
  • confianza como base operativa

En estos espacios ocurre algo relevante:

la economía deja de ser abstracta y vuelve a ser relacional

No hay intermediarios financieros dominantes.
No hay dependencia total del dinero escaso.

Hay circulación directa de valor.


La moneda social: estabilidad basada en confianza

Uno de los puntos clave es el uso de la moneda social, una herramienta que cambia la forma en que intercambiamos valor.

A diferencia de la moneda tradicional:

  • no depende de mercados financieros
  • no está sujeta a inflación especulativa
  • no se acumula como reserva
  • circula como herramienta de intercambio

Su valor no está en la cotización, sino en algo más básico:

la confianza de quienes la utilizan

Esto cambia completamente la lógica económica.

Porque desplaza el eje desde la acumulación hacia la circulación.


Emoción + cognición: la nueva racionalidad económica

Durán Barba señala que la sociedad actual se mueve más por emoción que por coherencia.

Tiene razón… pero incompleta.

Lo que está emergiendo no es irracionalidad, sino otra forma de racionalidad:

  • emocional (confianza, pertenencia, vínculo)
  • cognitiva (organización, saber, experiencia)

El prosumidor integra ambas dimensiones.

No es solo un actor económico.
Es un actor social completo.


Frente al “tsunami”: adaptación o parálisis

Si el escenario global efectivamente avanza hacia mayor automatización y menor empleo tradicional, las alternativas son claras:

Opción 1  = Esperar que el sistema reabsorba a millones de personas

Opción 2 = Construir sistemas paralelos capaces de sostener la vida

La segunda opción ya está ocurriendo.

No en discursos.
En territorios.


Un camino real, no teórico

Las redes de trueque, la producción comunitaria y la moneda social no son soluciones mágicas.

Pero sí son algo más importante:

prototipos reales de organización económica en contextos de crisis

Funcionan porque:

  • reducen dependencia monetaria
  • activan capacidades locales
  • reconstruyen tejido social
  • permiten intercambios concretos

En un mundo inestable, eso no es menor.


Conclusión: del miedo al diseño

El “tsunami” puede leerse como amenaza.

O como señal.

Señal de que el sistema actual ya no alcanza para organizar la vida de millones de personas.

Y también señal de que otras formas —más humanas, más territoriales, más cooperativas— están emergiendo.

El desafío no es evitarlas.

Es comprenderlas, fortalecerlas y darles escala.

Porque tal vez, cuando la ola llegue,
los que ya estén organizados en redes… no necesiten correr.

Sino simplemente, seguir circulando.

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