Los Cisnes Verdes: El Capitalismo desatado por el Clima que nos devora a Todos
Durante décadas, el capitalismo mostró un talento notable: convertir cualquier límite en una oportunidad de negocio. El trabajo, la naturaleza, el tiempo, la deuda, la guerra. . . ahora también el clima !
Así aparecen los Cisnes Verdes: eventos climáticos extremos, poco previsibles y con impactos sistémicos capaces de desestabilizar mercados, bancos y Estados enteros. Una suerte de primo ecológico del “Cisne Negro”, pero con un detalle incómodo: no surge del azar, sino de un modelo económico que empuja al planeta más allá de sus umbrales físicos.
No es un accidente. Es una consecuencia.
El sistema que hoy dice “gestionar el riesgo climático” es el mismo que lo fabricó, lo negó y luego lo convirtió en variable financiera.
Cuando el clima entra a la bolsa
Desde comienzos de la década de 2020, los grandes organismos financieros empezaron a incorporar al clima en su vocabulario técnico: riesgo crediticio, riesgo de mercado, riesgo de liquidez, riesgo operativo, riesgo de contagio global.
Traducido:
— una inundación ya no es solo una tragedia humana;
— una sequía ya no es solo una catástrofe territorial;
— un huracán ya no es solo un evento meteorológico.
Son inputs que mueven precios, quiebran balances y reconfiguran portafolios.
El problema no es que el sistema observe el clima. El problema es cómo lo observa.
No como un límite biofísico inviolable. No como un tejido vivo del que dependemos. Sino como una nueva variable para reordenar flujos de capital.
Mientras tanto los efectos civilizatorios que definen saberes comunitarios, ancestrales y territoriales —los que advirtieron estas crisis mucho antes— siguen siendo descartados por no cotizar en bolsa.
Plata, agua y territorios: el cisne verde en versión extractiva
Tomemos un caso concreto: la plata ⛏️
México, Perú y Chile concentran una porción decisiva de la producción mundial. También concentran estrés hídrico creciente, conflictos socioambientales y territorios sacrificados.
La minería de plata no extrae solo metal: extrae agua, energía y futuro. Cuando las sequías paralizan operaciones o un evento extremo destruye infraestructura, la oferta cae… y los precios suben.
¿Quién gana?
- No las comunidades.
- No los territorios.
- No los ecosistemas.
Gana la cadena especulativa global que transforma la crisis climática en oportunidad financiera.
Ese es el Cisne Verde real: la interrupción física del territorio amplificando vulnerabilidades financieras que luego se usan para justificar más extracción, más control, más dependencia.
La transición “verde” como nueva fiebre extractiva
Aquí aparece la gran paradoja.
La plata es clave para la transición energética: paneles solares, movilidad eléctrica, tecnologías de descarbonización. No hay reemplazo sencillo. La demanda crece de forma rígida, casi desesperada.
El discurso oficial habla de “economía verde”. La práctica concreta habla de extractivismo intensificado.
La transición energética, bajo lógica capitalista, no libera territorios: los reconfigura como zonas de sacrificio con etiqueta ecológica.
El precio encuentra “pisos” sostenidos no por bienestar social, sino por expectativas financieras, políticas monetarias y apuestas a futuro. El clima se convierte en coartada. La urgencia ambiental, en negocio.
El resultado: un capitalismo que dice salvar al planeta mientras acelera las mismas dinámicas que lo están agotando.
Ecología de saberes vs. monocultura del lucro
Frente a esto, hay una pregunta que el sistema no quiere responder:
¿Y si el problema no fuera la falta de instrumentos financieros… sino la falta de escucha?
La ecología de saberes recuerda algo elemental: no existe un único conocimiento válido para comprender la realidad.
Los pueblos andinos, las comunidades campesinas, los territorios ribereños, las economías populares sabían que esto iba a pasar. No lo expresaron en informes técnicos, sino en prácticas, advertencias, resistencias.
El capitalismo climático habla de “gestión del riesgo”. Los territorios hablan de defensa de la vida.
Son lenguajes incompatibles.
No necesitamos cisnes verdes, necesitamos autonomía
El Cisne Verde no es una amenaza futura. Es el presente narrado en jerga financiera.
No necesitamos más modelos que anticipen el colapso para especular mejor. Necesitamos autonomía territorial, articulación comunitaria y economías que no dependan de destruir su propia base material para sobrevivir.
Mientras el capital convierte la crisis climática en activo, la tarea urgente es desmercantilizar la vida, reconectar saberes y romper la ilusión de que el mismo sistema que nos trajo hasta aquí será quien nos saque.
El clima no es una variable. La Tierra no es un portafolio. Y el futuro no cotiza… se construye.

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