El problema no es el Clima: Es seguir pensando como Antes . . .
Esta nota no está dirigida a quienes ya comprendieron la magnitud de la emergencia climática y social.
Surge, en cambio, de una conversación reciente con mi hermano Rubén, quien en una reunión con ex-compañeros de la secundaria —personas intelectualmente formadas, con una edad promedio cercana a los 65 años— llevó el tema del cambio climático a la mesa y se encontró con una catarata de respuestas conocidas:
La sorpresa no fue el desacuerdo, sino la persistencia de estos argumentos en personas que han vivido lo suficiente como para ver, comparar y entender que lo que ocurre hoy no tiene precedentes en frecuencia ni en simultaneidad.
Ese relato —comprensible en otro tiempo— hoy se ha vuelto peligroso.
No porque ignore el pasado, sino porque confunde variabilidad natural con aceleración sistémica. Y esa confusión, en el contexto actual, tiene consecuencias reales.
Nuestros abuelos recuerdan sequías, inundaciones y olas de calor. Es cierto. Lo que no recuerdan —porque no ocurrió— es una sucesión continua de eventos extremos sin tiempo de recuperación.
Durante gran parte del siglo XX, una sequía severa en la región pampeana ocurría cada 25 o 30 años. Había margen para recomponer suelos, ahorrar, resembrar, reconstruir. Hoy, según datos del SMN e INTA, la Argentina atravesó múltiples eventos críticos encadenados entre 2019 y 2026, sin pausa.
Esto no es memoria selectiva. Es estadística.
La espiral de frecuencia (lo que antes no existía)
El problema ya no es un evento aislado, sino la frecuencia y simultaneidad:
- Olas de calor más largas y más intensas
- Sequías prolongadas seguidas de lluvias extremas
- Infraestructura urbana superada
- Producción agropecuaria interrumpida
- Servicios esenciales que se retiran del territorio
Cuando no hay tiempo de recuperación entre impactos, el sistema entra en estrés permanente. Eso tiene un nombre:
policrisis
El “parasol oculto” que ya no está
Durante décadas, la contaminación atmosférica generó un efecto de enfriamiento parcial: los aerosoles reflejaban parte de la radiación solar. No era una solución —era un efecto colateral tóxico—, pero existía.
El informe “Parasol Lost” (IFoA / Univ. de Exeter) confirma algo incómodo: al limpiar el aire, quitamos ese “abrigo sucio”. El resultado es que entre 0,3 y 0,5 °C de calentamiento ya estaban ocultos y ahora se manifiestan de golpe.
Traducción simple: el calor que parecía “exagerado” no es nuevo; recién ahora lo sentimos completo.
La policrisis en la mesa cotidiana
Para quienes creen que todo esto es “discurso ambiental”, conviene mirar el plato y el bolsillo.
La inflación climática no es una teoría. Cuando grandes extensiones productivas pierden rendimiento por sequía, calor extremo o inundaciones, los precios suben porque falta producción física, no por ideología.
Lo mismo ocurre con la energía, el agua y los seguros. Sistemas diseñados para un clima estable no resisten olas de calor de semanas, lluvias concentradas en horas o ríos fuera de régimen.
Eso no es opinión: es ingeniería.
Tabla para escépticos con memoria
| Factor | Relato del pasado | Realidad actual |
|---|---|---|
| Frecuencia | Eventos extremos aislados | Múltiples eventos simultáneos por año |
| Recuperación | Años para recomponer | Emergencia permanente |
| Causa | Variabilidad natural | Forzamiento humano + retroalimentaciones |
| Respuesta | Esperar que pase | Organización territorial y redes |
Del negacionismo pasivo a la responsabilidad
Negar ya no es una postura intelectual. Es una forma de delegar el costo en otros: en quienes viven en zonas inundables, en quienes dependen del clima para producir, en quienes no pueden pagar la adaptación individual.
No se trata de pánico. Se trata de asumir que el modelo de estabilidad sobre el que se organizó el consumo masivo ya no existe.
Las redes prosumidoras, el trueque territorial y la organización comunitaria no son nostalgia ni romanticismo. Son tecnologías sociales adaptativas para un mundo donde la logística global y la previsibilidad climática dejaron de ser confiables.























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