Lo que no se Transmite, se Pierde . . .
Toda generación que logra construir algo verdaderamente nuevo enfrenta un dilema silencioso: o diseña su continuidad, o condena su obra a desaparecer con ella.
En la Economía Social y Solidaria, este dilema es particularmente grave. No porque falten valores, compromiso o creatividad, sino porque la mayoría de las experiencias no logró convertir su práctica en un sistema transmisible. El resultado es conocido: proyectos que funcionaron, redes que sostuvieron a millones, innovaciones que demostraron ser viables… y que, sin embargo, no sobrevivieron al paso del tiempo.
Durante más de tres décadas se fue construyendo (a partir de la práctica, la crisis y la reflexión posterior) un cuerpo de conocimiento que no se limita a una experiencia puntual ni a un contexto específico. Se trata de un modelo económico alternativo completo, diseñado para operar cuando el sistema dominante falla, se vuelve excluyente o simplemente deja de responder.
❖ Los cinco pilares del sistema ❖
I. La Visión
El Manifiesto Prosumidor redefine la racionalidad económica desde la cooperación, la suficiencia y la autonomía territorial.
No organiza el hacer: orienta el sentido.
II. El Sujeto
El prosumidor encarna una forma ampliada de acción económica: produce, consume, intercambia y organiza valor más allá del mercado formal.
No espera condiciones ideales: actúa en las reales.
III. La Base Productiva
El Factor P reconoce el valor no monetario generado por oficios, saberes, cuidados, organización y vínculos comunitarios.
Lo que no se contabiliza, sostiene.
IV. El Mecanismo de Eficiencia
La Doble Moneda traduce esa capacidad social en funcionamiento económico concreto.
Reduce costos, multiplica intercambios y construye resiliencia allí donde el dinero escasea.
V. La Arquitectura
El Modelo Factorial–Dual integra visión, capacidad y eficiencia en un sistema coherente y replicable.
Ningún pilar funciona aislado. Juntos, constituyen el sistema.
Nada de esto es teórico en el sentido abstracto
Todo fue probado en contextos reales, bajo presión, en escenarios de crisis donde millones de personas debieron reorganizar su vida cotidiana para seguir produciendo, intercambiando y sobreviviendo con dignidad.
Sin embargo, hay una verdad concreta: un sistema que no se transmite a tiempo se fragmenta, se simplifica o se deforma, y cuando eso ocurre, lo que llega a la siguiente generación ya no es el sistema, sino apenas su sombra. . .
El traspaso generacional no consiste en “contar la historia” ni en preservar símbolos. Consiste en transferir criterios de decisión, lógica operativa y sentido profundo. En enseñar no solo qué se hizo, sino por qué se hizo así y qué errores no deben repetirse.
Hoy sabemos que la mayoría de las buenas ideas no fracasa por falta de potencia, sino por falta de continuidad diseñada. Sabemos también que, sin procesos claros de sucesión intelectual y operativa, cerca del 70 % de los sistemas valiosos no llega a consolidarse en una segunda generación.
Por eso esta etapa no es de nostalgia ni de balance. Es de responsabilidad histórica.
Lo que está en juego no es el pasado, sino el futuro de una economía capaz de funcionar cuando la estabilidad deja de ser la norma. Un futuro donde la desinformación paraliza, las crisis se superponen y los territorios necesitan herramientas que no dependan exclusivamente del dinero, del mercado o del Estado.
Las ideas que lograron funcionar no deberían desaparecer con quienes las iniciaron
Pero para que eso no ocurra, alguien tiene que ponerlas en palabras transmisibles, abrirlas al diálogo intergeneracional y permitir que otros las tomen, las adapten y las hagan evolucionar.
Ese es el trabajo de esta etapa... No fundar algo nuevo, sino garantizar que lo que ya demostró su potencia no se pierda.

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