Diálogos entre la ESS Latinoamericana y el Manifiesto Prosumidor
En los debates contemporáneos sobre economía, territorio y crisis, la Economía Social y Solidaria (ESS) Latinoamericana ha logrado consolidar un diagnóstico robusto sobre los límites del modelo dominante. Un aporte particularmente relevante en esta línea es el trabajo: “Salir de la lógica dominante: contribuciones teóricas desde la Economía Social Solidaria”, de Edgar Belmont Cortés, Mónica Ribeiro-Palacios y Carlos León-Salazar, investigadores de la Universidad Autónoma de Querétaro, publicado en 2022. Desde una perspectiva latinoamericana (y desde territorios profundamente integrados a las dinámicas del Norte global) los autores sostienen que la crisis actual no puede reducirse a una dimensión económica: es civilizatoria, territorial y ecológica, y expresa los límites estructurales de una racionalidad que subordina la vida, el trabajo y los bienes comunes a la lógica del mercado.
Este punto de partida resulta clave para entablar un diálogo fértil con el Manifiesto Prosumidor. No se trata de superponer marcos ni de forzar equivalencias, sino de reconocer una convergencia estratégica: ambos enfoques coinciden en que las respuestas tradicionales del neoliberalismo —crecimiento, competitividad, atracción de capital— no solo han demostrado ser insuficientes, sino que profundizan la vulnerabilidad social y territorial.
La ESS Latinoamericana aporta una crítica sólida a la racionalidad instrumental que organiza la vida en función del mercado, denunciando la mercantilización del trabajo, de los cuidados y de los bienes comunes. Señala, además, que la expansión del capital financiero y extractivo produce territorios frágiles, dependientes y expuestos a múltiples riesgos, incluidos los ambientales. En este marco, la vulnerabilidad no aparece como una falla transitoria, sino como una condición estructural del modelo.
El Manifiesto Prosumidor recoge este diagnóstico y lo lleva un paso más allá: traduce la crítica en dirección de vida. No se limita a cuestionar el orden existente, sino que propone una reorganización concreta del hacer económico y territorial, basada en la cooperación, la suficiencia y la autonomía. Allí donde la ESS señala la necesidad de “salir de la lógica dominante”, el Manifiesto propone cómo habitar fuera de ella sin quedar a la intemperie.
Uno de los puntos de encuentro más relevantes es la centralidad del territorio. La ESS subraya que las crisis —sanitaria, social, ecológica— se manifiestan de forma desigual y localizada, y que las respuestas deben ser situadas. El Manifiesto Prosumidor asume esta premisa y la profundiza al plantear que la producción, el consumo, el intercambio y la organización del valor deben reconectarse con el territorio concreto, reconociendo saberes, oficios, vínculos y capacidades que el mercado no contabiliza pero de las que depende la reproducción de la vida.
Este diálogo adquiere una relevancia decisiva frente a las emergencias climáticas. Las investigaciones de la ESS advierten que los territorios más subordinados a la lógica extractiva y financiera son también los más expuestos a eventos extremos, a la degradación ambiental y a la ruptura de infraestructuras críticas. Desde esta perspectiva, la adaptación al cambio climático no puede reducirse a obras puntuales o a políticas de mitigación aisladas: requiere reconfigurar la forma en que se organiza la vida económica y social en el territorio.
Aquí, el Manifiesto Prosumidor aporta un elemento diferencial. Al reconocer el Factor P (el valor no monetario generado por cuidados, organización comunitaria, saberes y vínculos) y al proponer mecanismos que permitan su traducción en funcionamiento económico real, introduce una dimensión clave para la adaptación: la resiliencia territorial basada en capacidades sociales existentes, no en soluciones importadas o dependientes de flujos externos inciertos.
Desde este diálogo, el prosumidor no aparece como un sujeto idealizado, sino como una figura situada que actúa en condiciones reales de crisis, escasez y presión ambiental. Produce, intercambia y organiza valor no como estrategia de supervivencia individual, sino como respuesta colectiva a un entorno cada vez más inestable. Esta forma ampliada de acción económica resulta coherente con las aspiraciones de la ESS de democratizar la economía y reconstruir lo común, pero añade una dimensión operativa orientada explícitamente a la adaptación territorial.
En este sentido, el aporte más contundente del Manifiesto no es solo enfrentar las distorsiones coyunturales del modelo neoliberal. Es preparar a los territorios para un escenario de impactos climáticos crecientes, donde la dependencia extrema de sistemas centralizados, monetarios y energéticos se vuelve un riesgo existencial. La autonomía territorial, lejos de ser una consigna ideológica, emerge como una condición de posibilidad para sostener la vida.
El diálogo entre la ESS latinoamericana y el Manifiesto Prosumidor no clausura debates: los ordena. Muestra que la crítica al modelo dominante ya está formulada con claridad y que el desafío actual no es diagnosticar indefinidamente, sino construir sistemas de vida capaces de resistir, adaptarse y transformarse en un contexto de crisis múltiple.
Cuando el diagnóstico es compartido, la diferencia la marca la capacidad de convertirlo en arquitectura territorial para lo que viene.

Comentarios
Publicar un comentario