¡Un Niño nos pone a prueba!
Mientras el agua avanza, la pregunta no es solo si estábamos avisados. Es con quién estamos conectados.
El agua ya está entre nosotros
El 24 de octubre se conmemoró el Día Internacional contra el Cambio Climático. Esta vez la fecha no llegó con discursos: llegó con el Paraná desbordado.
En Ciudad del Este, Paraguay, rige la alerta roja y se superaron las 1.200 personas evacuadas. La Organización Panamericana de la Salud registró allí una muerte.
En la Argentina, según el relevamiento de El Litoral del 25 de octubre:
- Chaco: cerca de 1.790 personas desplazadas, entre evacuadas y autoevacuadas. Algunas familias improvisaron refugios con chapas, maderas y plásticos.
- Misiones: 141 evacuados, 117 viviendas afectadas y cinco puentes con el tránsito interrumpido.
- Corrientes: la superficie cubierta de agua en el valle del Paraná correntino creció más de 50% en un mes, según imágenes satelitales.
- Santa Fe: el río superó en la capital el nivel de evacuación.
- Neuquén: el gobierno provincial prevé declarar la emergencia meteorológica por seis meses.
Perfil informó además la muerte de dos trabajadores rurales en Corrientes, mientras trasladaban ganado para protegerlo de la crecida.
Y no terminó. Según los modelos que analiza el Servicio Meteorológico Nacional, El Niño continuará e incluso se intensificará hasta fin de año. El INA, por su parte, advirtió sobre nuevos pulsos de crecida en las próximas semanas.
Detrás de cada número hay una familia que, un día antes, no sabía que su casa iba a quedar a orillas del río.
Estar avisados no es estar preparados
La alerta estaba dada. Los organismos técnicos la venían repitiendo desde hace meses.
Pero recibir una advertencia no significa estar en condiciones de responder. Una familia puede conocer todas las recomendaciones y vivir en una casa expuesta. Puede tener el teléfono cargado y quedarse sin electricidad durante horas. Puede saber que debe irse y no tener cómo hacerlo.
La información es indispensable. Pero no elimina por sí sola las condiciones que producen vulnerabilidad.
Ya lo veníamos diciendo en Cuando el clima empieza a decidir quién puede trabajar: una tormenta no termina cuando deja de llover. Corta el camino al trabajo, paraliza el comercio, encarece lo que llega y vacía el bolsillo de quien vive al día. La emergencia del agua se vuelve emergencia económica y social.
La vulnerabilidad no depende solo de la intensidad del fenómeno. Depende de las condiciones en que encuentra a las personas, a sus casas y a sus comunidades.
Antes del agua, los vínculos
En 1mpul50 lo llamamos contener: crear refugios que no sean de muros, sino de vínculos.
Cuando la emergencia llega, el primer auxilio suele estar a metros de distancia. El vecino que sabe quién vive solo. El que conoce a la señora que necesita su medicación. El que tiene una camioneta, una escalera, una linterna, un patio techado.
Pero ese saber no se improvisa con el agua en la vereda. Se construye en tiempos de calma: prestando una herramienta, enseñando un oficio, compartiendo una huerta, tomando unos mates. La confianza es lo único que no se puede conseguir de urgencia.
No pedimos permiso para organizarnos. Conocernos, compartir información y registrar capacidades no requiere aprobación ministerial. Pero también somos claros en esto: una red vecinal no reemplaza a Protección Civil, ni a las obras hidráulicas, ni a los equipos entrenados para rescatar. Cuando ellos llegan, la diferencia está en que el barrio no sea un conjunto de desconocidos, sino una red que ya sabe quién es quién y qué necesita.
El agua siempre encuentra su cauce. Las comunidades también pueden encontrar el suyo, si se conocen antes de que llegue la corriente.
Capacidad potencial, capacidad disponible
Llamamos prosumidores a las personas que no solo consumen: producen, reparan, enseñan, cuidan y comparten.
Esas capacidades existen en cualquier barrio. Pero una cosa es la capacidad potencial y otra, muy distinta, la que está disponible cuando hace falta. Alguien sabe reparar una bomba, pero no tiene herramientas. Un vecino tiene vehículo, pero la calle está anegada o no hay combustible. Un comercio tiene mercadería, pero sin electricidad no puede abrir.
El trabajo previo consiste en acercar una capacidad a la otra: saber qué hay, dónde está, quién lo tiene y qué haría falta para poder usarlo.
Lo planteamos como una hipótesis de trabajo, no como una verdad probada. Una red de prosumidores podría difundir información oficial, identificar a quienes necesitan ayuda, coordinar suministros cuando sea seguro y ayudar a retomar la vida cotidiana después. Su eficacia tendrá que demostrarse con experiencias concretas. No prometemos salvación: ofrecemos entrenamiento.
Siete preguntas para empezar
No hacen falta estructuras ni dinero. Un barrio, una cuadra o un nodo prosumidor puede armar un primer mapa con estas preguntas:
- ¿Qué puede pasar aquí? Dónde se acumula el agua, qué calles se cortan, qué antecedentes hay. Contrastar la memoria vecinal con los mapas oficiales.
- ¿Quiénes podrían necesitar ayuda? Personas que viven solas, mayores, con movilidad reducida o medicación diaria. Siempre con su consentimiento y cuidando su privacidad.
- ¿Qué recursos hay realmente? Herramientas, espacios, vehículos, suministros. No confundir lo declarado con lo que puede usarse en una emergencia.
- ¿Qué saberes tenemos? Primeros auxilios, electricidad, cocina, logística, cuidados. Y qué capacitación falta.
- ¿Cómo nos comunicamos si fallan los servicios? Contactos, canal alternativo y punto de encuentro seguro.
- ¿Cómo nos coordinamos con quienes tienen la responsabilidad? Tener a mano el contacto de Protección Civil. No improvisar evacuaciones ni rescates.
- ¿Cómo sabremos si estamos preparados? Revisar, actualizar, ensayar algo simple cada tanto.
Este mapa no es un plan oficial de contingencia. Es una herramienta para conocer mejor nuestra situación y poder hablar con las instituciones con información concreta. Y si revela carencias que no podemos resolver solos, esas carencias dejan de ser un problema privado y se convierten en un reclamo público.
Quilmes: el riesgo también tiene territorio
El escenario de Quilmes y de la ribera sur del Gran Buenos Aires no es el del Paraná. Pero las preguntas que nos dejan el Litoral y Paraguay valen igual para nosotros.
¿Qué barrios son los más expuestos a lluvias intensas y sudestadas? ¿Qué desagües y arroyos no dan abasto? ¿Qué obras están previstas y cuáles se hicieron? ¿Cómo se informa a los vecinos? ¿Qué recursos están disponibles para una evacuación o para un corte prolongado de servicios?
No debemos dar por sentadas las respuestas. Quien vive en un barrio sabe lo que los informes generales no dicen: dónde se acumula el agua, qué calle es la primera que se corta, qué casas quedan aisladas. Ese saber es valioso, pero necesita articularse con la información técnica y con quienes toman decisiones.
Una pregunta más, para hacer en voz alta: el Estado nacional elaboró modelos de potencial afectación para 18 municipios de seis provincias. No encontramos información pública que indique si Quilmes está entre ellos.
Lo que hace el Estado, y lo que falta preguntar
El Gobierno nacional aprobó el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026-2027 mediante la Resolución 559/2026 del Ministerio de Seguridad Nacional, publicada el 7 de julio. La Agencia Federal de Emergencias coordina su ejecución. Según lo informado en octubre, se capacitó a 4.328 agentes y técnicos de protección civil entre marzo y septiembre.
Es un avance, y hay que reconocerlo. Pero conviene mirar el dato completo: se formó al sistema, no a los barrios. Y el calendario que se había anticipado, con las primeras crecidas del Paraná desde diciembre, fue superado por la realidad: en octubre varias ciudades ya estaban por encima de sus niveles de evacuación.
Hay además una contradicción política que no podemos ignorar. El presidente Javier Milei vinculó en Davos el cambio climático con el “wokismo” y, en febrero de 2025, dijo que evaluaba retirar al país del Acuerdo de París, porque no adhiere a la agenda ambientalista. Las palabras no cambian el clima, pero las prioridades sí cambian presupuestos, obras y continuidad de programas. La crítica gana rigor cuando mira esas decisiones, y también cuando reconoce que ese mismo Gobierno puso en marcha un plan específico para El Niño.
Una aclaración necesaria: El Niño es un fenómeno natural y cíclico. El cambio climático es el contexto que puede amplificar sus efectos, y exige políticas de largo plazo. No corresponde atribuirle a uno cada tormenta ni a otro cada inundación. Pero la incertidumbre no es excusa para postergar la prevención: hace más importante la anticipación.
Qué podemos hacer esta semana
- Seguir fuentes oficiales: alertas del SMN, niveles de ríos del INA y comunicados de Protección Civil de nuestro municipio.
- Conocer el riesgo de la cuadra: dónde se acumula el agua y por dónde salir si se corta la calle.
- Dejar lista una mochila: copias de documentos, medicación, linterna, radio o cargador portátil, agua y algo de efectivo.
- Hablar con tres vecinos y, con su consentimiento, anotar quién necesita ayuda y quién puede darla.
- Acordar un punto de encuentro y un canal de comunicación alternativo.
- Averiguar y guardar el contacto de Defensa o Protección Civil de Quilmes.
- Cuidarnos: no cruzar zonas anegadas, no tocar instalaciones eléctricas mojadas y evacuar cuando la autoridad lo indique, aunque cueste dejar la casa.
Si armás el mapa de tu cuadra, contanos en los comentarios cómo te fue.
La prueba
El Niño nos pone a prueba, pero la prueba no consiste solo en resistir una tormenta.
Consiste en saber si aprendimos a relacionar nuestras capacidades, a reconocer nuestros límites y a actuar antes de que la emergencia reduzca nuestras posibilidades.
No podemos decidir cuándo llegará la próxima crecida. Sí podemos decidir con quién queremos estar conectados cuando llegue.
Mitigar lo que dañe. Contener lo que duela. Cultivar lo que resista.
Porque una alerta informa de un peligro. Una comunidad preparada sabe convertir esa información en acciones coordinadas. Y cuando las condiciones de vida están en juego, no alcanza con haber tenido razón: hay que estar en condiciones de ayudar.
Actúa y organiza hoy. ¡Resiste siempre!
Nota: las cifras corresponden a los medios y organismos citados en cada enlace, en las fechas indicadas, y pueden haber cambiado desde entonces.

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