El Laberinto de La Deuda

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El laberinto de la deuda

Cómo el sistema te separa para que nadie te defienda — y por dónde se sale

«Primero vinieron por los comunistas... luego por los judíos... luego vinieron por mí, y ya no quedaba nadie que hablara por mí». Frase atribuida al pastor Martin Niemöller, Alemania, 1946

Esa frase no habla solamente de las víctimas de una persecución. Habla de algo anterior: la soledad. Cuando quienes podrían defenderse mutuamente están separados, el poder avanza sobre cada uno por separado.

Divide y gobernarás. No hace falta imaginar una conspiración para entender esa lógica: la fragmentación social también puede producirse como consecuencia de reglas económicas concretas.

Una sociedad de individuos aislados no es lo mismo que una sociedad organizada en red. El individuo aislado enfrenta solo sus problemas y angustias. El individuo endeudado enfrenta, además, a sus acreedores. Y cuando esa deuda se convierte en una marca que limita el acceso al crédito, al consumo o directamente al alquiler de una vivienda, el problema deja de ser financiero. Se convierte en un laberinto.

El purgatorio de la deuda

Imaginemos a alguien que cae en una deuda que no logra cancelar. Tarjeta. Préstamo personal. Fintech. Refinanciación. Intereses sobre intereses. Una deuda que genera otra deuda, y esa otra genera una tercera, hasta que aparece la trampa central de este informe:

Para salir de la deuda hace falta ingreso. Pero para generar ese ingreso, muchas veces hay que volver a participar del mismo sistema financiero que ya te considera una persona de riesgo.

El círculo se cierra. La persona no está completamente afuera del sistema, pero tampoco puede participar de él en igualdad de condiciones. Cuanto más tiempo pasa ahí adentro, más difícil resulta salir. En Argentina, hoy, ese purgatorio tiene nombre y apellido.

Dos mecanismos, un mismo objetivo: señalarte. Por un lado está la Central de Deudores del Sistema Financiero, el ojo público: un registro que administra el propio Estado, a través del BCRA, y que clasifica a cada persona del 1 (al día) al 5 (irrecuperable) según sus deudas con bancos, tarjetas y financieras reguladas. Por otro lado está el Veraz, el ojo privado: una base de la empresa Equifax que toma esos mismos datos oficiales y les suma otros —deudas de servicios, telefonía, consultas recientes— que ni siquiera el Estado releva. Uno es público y gratuito; el otro es privado y comercial. Pero los dos hacen exactamente lo mismo: convertir a una persona en un número de riesgo que otros van a consultar antes de decidir si merece un crédito, un alquiler o, cada vez más, un trabajo.

Y ninguno de los dos te suelta rápido. Se puede estar "limpio" en uno y marcado en el otro. Y aunque la deuda ya esté pagada, la marca puede seguir visible hasta cinco años, porque así lo permite la ley.

Ese desfasaje —pagar y seguir figurando como moroso durante meses— es una de las formas más silenciosas en que el laberinto se prolonga más de lo necesario. . .

Los números del laberinto, hoy

No es una metáfora aislada. Los datos oficiales de 2025-2026 muestran a cuánta gente alcanza este mecanismo:

IndicadorDato
Mora del crédito a familias, junio 2025 → junio 20265,2% → 12,8%
Personas excluidas de tomar crédito nuevo por mora~6 millones
Morosidad en fintechs y proveedores no financieros, junio 202630,1%
Carga mensual de deuda sobre la masa salarial formal, abril 202624,1%

Fuente: BCRA, Informes sobre Bancos e Informe de Proveedores No Financieros de Crédito, 2025-2026 (ver Parte I de este informe).

Seis millones de personas es, aproximadamente, toda la población de una provincia grande. No es un problema marginal. Es una porción enorme de la sociedad viviendo, ahora mismo, adentro del laberinto.

¿Y si la salida no está por abajo?

Casi siempre pensamos la salida de la deuda como un camino hacia abajo: pagar más, consumir menos, ajustar el gasto hasta que la cuenta cierre. Pero hay una pregunta que casi nunca nos hacemos: ¿y si hubiera que salir por arriba?

Porque una deuda no siempre es solamente una relación entre una persona y una institución financiera. También existen deudas mutuas dentro de una comunidad. Yo puedo necesitar lo que vos sabés hacer. Vos podés necesitar lo que otra persona produce. Tenemos capacidades, tiempo, conocimientos, herramientas, trabajo. Pero esas capacidades permanecen invisibles cuando no existe una infraestructura capaz de conectarlas.

Ahí aparece una posibilidad distinta: construir esa infraestructura antes de esperar que aparezca el dinero.

El sistema operativo de la RGT

Eso, exactamente, fue lo que empezó a experimentar la Red Global de Trueque (RGT) en Argentina desde 1995, y lo que llegó a sostener a millones de personas durante la crisis de 2001-2003 .  No se trataba simplemente de intercambiar objetos. Se trataba de construir una red capaz de reconocer que una misma persona podía producir y consumir dentro de su propia comunidad: un prosumidor.

Y cuando una red es suficientemente densa, aparece algo que el individuo aislado no puede construir solo: confianza distribuida.

En una sociedad atomizada, pedirle una garantía a un vecino es difícil. ¿Quién confía en quién? El sistema financiero resuelve esa incertidumbre con contratos, garantías, scoring y bases como la Central de Deudores o el Veraz. Una red comunitaria resuelve la misma incertidumbre de otra manera: con reciprocidad sostenida en el tiempo.

Esto no significa borrar mágicamente las deudas financieras que alguien ya tiene. Significa crear un circuito económico paralelo o complementario, donde esa persona pueda volver a producir, intercambiar y acceder a bienes y servicios aunque su situación crediticia convencional la tenga, hoy, parcialmente afuera.

La pregunta deja de ser solamente "¿cómo pago mi deuda?" y empieza a ser "¿cómo recupero mi capacidad de producir valor, aunque hoy el sistema financiero me considere insolvente?"

Construir otra puerta

Tal vez la salida no está en volver a atravesar la misma puerta que ya se cerró. Tal vez está en construir otra. Esa puerta puede ser un nodo de intercambio. Un nodo conectado con otros nodos. Y esos nodos, conectados entre sí, pueden volver a ser una red —como ya lo fueron una vez, y como ya está empezando a insinuarse de nuevo en experiencias como las de zona sur.

Quizás el problema no sea solamente la falta de dinero. Quizás sea que tenemos miles de capacidades humanas disponibles, hoy desconectadas entre sí. Y si esas capacidades pueden volver a conectarse mediante una arquitectura de intercambio, el pozo deja de ser, necesariamente, un destino.

Se puede salir por arriba !


Fuentes consultadas
Diálogo con Rubén Ravera
BCRA, Central de Deudores del Sistema Financiero e Informes sobre Bancos, 2025-2026
BBVA Argentina / Cresium / Libertad Crediticia — diferencias entre Central de Deudores del BCRA y el informe privado de Veraz (Equifax), 2026
Este artículo forma parte de la serie "La Usura del Siglo XXI y la necesidad de alternativas" (Partes I y II) publicada en este blog.

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