La Transición Invisible
🌱 1mpul50 · comunidad y capacidad de futuro
La transición invisible
Por qué esta generación necesita comunidades donde pertenecer también sea hacer !
Hay momentos de la vida que tienen fecha. Sabemos cuándo empieza la primaria, cuándo termina el secundario, a qué edad se puede votar o conducir. Pero convertirse en adulto no tiene un día marcado en el calendario. Es un proceso y probablemente sea el que más cambió en las últimas décadas.
Durante mucho tiempo el recorrido era relativamente reconocible: estudiar, conseguir trabajo, independizarse, formar un hogar. No era un camino fácil ni igual para todos, pero existían instituciones que lo sostenían: la escuela preparaba, el trabajo daba ingresos y reconocimiento, la familia era red de respaldo, la comunidad daba pertenencia.
Esas instituciones siguen existiendo. Lo que cambió es su capacidad de sostener la transición.
Cuando el camino deja de ser un camino
Hoy la educación se extiende mientras el primer empleo llega tarde o llega informal. La independencia económica se demora. La vivienda se aleja. Las relaciones se multiplican en las redes pero no siempre generan pertenencia real.
La vieja secuencia — estudio → empleo → autonomía — se convirtió en algo mucho menos lineal: estudio, empleo informal, interrupción, nuevo intento, capacitación, vuelta a depender de la familia, nuevo intento de independencia. No es necesariamente una trayectoria fallida. Es una trayectoria abierta, pero también mucho más incierta.
Y hay algo más difícil de nombrar que la precariedad económica: una parte importante de esos jóvenes también atraviesa un proceso de pérdida de pertenencia. La adolescencia trae una red relativamente densa — familia, escuela, compañeros. Al entrar en la adultez joven, esa red se dispersa. La persona gana libertad individual justo cuando dispone de menos estructuras colectivas que la sostengan.
Estar conectado no es lo mismo que pertenecer
Nunca fue tan fácil comunicarse. Y sin embargo, se puede estar conectado con cientos de personas y no tener a quién recurrir un mal día. La cantidad de vínculos no mide su profundidad.
"Pertenecer es saber que tu presencia importa para alguien, y que la de otros importa para vos."
La OMS ya reconoce la conexión social como una cuestión de salud pública. No es casualidad: en las Américas, la mortalidad por suicidio entre personas de 10 a 24 años aumentó entre 2000 y 2021. Esto no permite —ni sería correcto— establecer una causa única. Pero sí habilita una pregunta legítima: ¿qué está pasando durante el tramo en que una persona deja de pertenecer a un mundo y todavía no encuentra su lugar en el siguiente?
Capacidad de futuro, no solo futuro
Se les pide a los jóvenes que construyan su futuro mientras las condiciones para hacerlo dejan de ser lineales: elegir una profesión mientras las ocupaciones cambian, capacitarse mientras las competencias se transforman, independizarse mientras la vivienda se encarece.
No es solo tener un mañana. Es poder imaginarlo, desearlo, planificarlo, ensayar caminos, equivocarse, cambiar de dirección, encontrar apoyo y finalmente hacer algo para acercarse a él. Es material, educativa, relacional, comunitaria, cultural y psicológica — todo al mismo tiempo.
Por eso no se puede resolver separando empleo, educación y salud mental en compartimentos aislados.
De recibir ayuda a poder aportar
Buena parte de nuestras instituciones están armadas sobre una relación asimétrica: alguien necesita, alguien ayuda. Es indispensable en muchas circunstancias. Pero una comunidad sostenible necesita algo más que asistencia: necesita participación.
Una persona puede necesitar ayuda en una dimensión de su vida y, al mismo tiempo, tener conocimientos, tiempo, oficio o creatividad para aportar en otra. Puede enseñar, reparar, cultivar, cocinar, cuidar, organizar. Puede ser vulnerable en un aspecto y valiosa en muchos otros.
"¿Cómo ayudamos a este joven?" se convierte en "¿qué puede construir este joven con nosotros?"
La infraestructura que no vemos
Pensamos infraestructura como caminos, hospitales, redes eléctricas. Pero hay otra, menos visible: la que permite que las personas se encuentren, se reconozcan, colaboren, aprendan, intercambien, se cuiden mutuamente. Cuando funciona, casi no se nota. Cuando falta, empezamos a ver sus consecuencias.
Ni la escuela, ni la familia, ni el sistema de salud, ni el Estado, ni el mercado pueden sostener esto solos. No porque hayan dejado de ser necesarios — precisamente porque ninguno puede reemplazar a los demás.
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🏡 Por eso creemos en la comunidad prosumidora
No como receta única ni como solución mágica a la salud mental de una generación — sería tan incorrecto como simplista. Pero sí como un camino plausible y concreto: comunidades donde pertenecer también implique hacer.
No una comunidad que solo reciba ayuda —eso genera dependencia—. No una comunidad que solo intercambie bienes —eso es apenas un mercado—. Una comunidad donde una persona pueda aprender un oficio, aportar lo que sabe, equivocarse sin que el error sea una catástrofe, encontrar reconocimiento y comprobar, en la práctica, que sus acciones modifican su entorno.
Eso es lo que veníamos construyendo en 1mpul50 mucho antes de tener el marco teórico para nombrarlo: autonomía doméstica, soberanía alimentaria, oficios compartidos, redes de trueque, saberes que se enseñan entre generaciones.
La capacidad de futuro se fortalece cuando una persona puede pasar de imaginar lo que podría ser a experimentar lo que puede hacer. Y ese paso, para nosotros, es profundamente comunitario.
La pregunta que nos queda abierta no es cómo arreglamos a una generación.
Es si estamos construyendo, entre todos, los lugares donde esa generación pueda construirse a sí misma. 🌱

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