Inacción climática . . .
El verdadero problema no es lo que viene, sino lo que ya está ocurriendo
Durante años, el cambio climático fue presentado como un problema del futuro. Hoy, esa narrativa ya no se sostiene.
Los datos científicos son claros: el sistema climático está cambiando más rápido de lo previsto, y sus impactos ya afectan la producción de alimentos, la disponibilidad de agua y la estabilidad económica global. 2024 fue el año más cálido registrado en la historia: las temperaturas globales superaron por primera vez el umbral de 1,5°C por encima de los niveles preindustriales que el Acuerdo de París establecía como límite crítico.
Sin embargo, el problema más profundo no es el cambio climático en sí.
Es la respuesta.
La inacción no es ausencia de información
Existe un consenso científico robusto sobre el origen humano del calentamiento global. Existen tecnologías disponibles. Existen acuerdos internacionales.
Y aun así, las emisiones globales alcanzaron en 2024 su nivel más alto jamás registrado.
Esto no es ignorancia. Es inacción estructural.
Y la inacción no se manifiesta como negación directa. Se manifiesta de formas más sutiles: desplazando la responsabilidad hacia el individuo, promoviendo soluciones parciales que dan apariencia de acción, generando saturación informativa que paraliza, y subestimando sistemáticamente los riesgos hasta que se vuelven imposibles de ignorar.
El resultado es siempre el mismo: el sistema continúa funcionando como si nada estuviera ocurriendo.
El costo de no actuar ya está ocurriendo
Durante mucho tiempo, el centro del debate fue el costo de actuar.
Hoy, la evidencia muestra algo distinto: el costo de no actuar ya es medible, concreto y creciente.
Dos de los análisis económicos más rigurosos de los últimos años permiten dimensionarlo:
Un estudio publicado en Nature Climate Change (Waidelich et al., ETH Zurich, 2024), basado en 33 modelos climáticos globales, estima que si el calentamiento continúa hasta los 3°C, el PBI global se reduciría hasta un 10%, y que casi la mitad de ese daño económico estaría asociado a olas de calor extremo.
Oxford Economics (2026), revisando funciones de daño más recientes, proyecta que 2,2°C de calentamiento hacia 2050 podría reducir el PBI global hasta un 20% bajo escenarios sin adaptación, y un 10% incluso con adaptación parcial.
Estos no son escenarios extremos ni proyecciones alarmistas. Son estimaciones conservadoras basadas en tendencias observadas.
El mensaje central es el mismo en ambos casos: los costos de la inacción superan ampliamente los costos de actuar. El daño económico del cambio climático ya en marcha es, según estas estimaciones, entre cuatro y seis veces mayor que los costos necesarios para mitigarlo.
La dimensión que menos se discute: salud y trabajo
Gran parte del debate sobre cambio climático se expresa en términos macroeconómicos. Pero hay una dimensión más concreta e inmediata: la salud de las personas y su capacidad de trabajar.
El informe Lancet Countdown 2025 —elaborado en colaboración con la OMS y 71 instituciones académicas de todo el mundo, y presentado en la víspera de la COP30— entrega datos precisos sobre lo que ya está ocurriendo:
- La tasa de mortalidad relacionada con el calor aumentó un 23% desde los años 90, con un promedio de 546.000 muertes anuales por esta causa.
- En 2024, la exposición al calor provocó la pérdida de 640.000 millones de horas de trabajo potenciales, con pérdidas de productividad equivalentes a 1,09 billones de dólares.
- En 2023, las sequías y olas de calor estuvieron asociadas a 124 millones de personas adicionales en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave.
- Los gobiernos gastaron 956.000 millones de dólares en subsidios netos a combustibles fósiles en 2023, más del triple de lo destinado a financiamiento climático para países vulnerables.
- El calor extremo no solo afecta el confort: más de 2.400 millones de trabajadores en todo el mundo están expuestos a calor excesivo , con impactos directos sobre su capacidad fisiológica, su salud cardiovascular y su productividad.
Y esto no opera de forma aislada. El calor se superpone con la variabilidad hídrica, la degradación ambiental y la aparición de contaminantes emergentes. Los efectos no se suman: se multiplican.
Enfermedades que cambian de mapa
Una de las consecuencias menos visibles de la inacción climática es la expansión geográfica de enfermedades que antes estaban confinadas a regiones tropicales.
El potencial de transmisión del dengue ha aumentado hasta un 49% desde la década de 1950. El riesgo de leishmaniasis (enfermedad causada por un parásito que se transmite a las personas a través de la picadura de un insecto pequeño llamado flebótomo - parecido a un mosquito -) creció un 29,6%. Y 364 millones de personas adicionales están ahora en riesgo de enfermedades transmitidas por garrapatas respecto a los años 50.
Estas no son proyecciones futuras: son tendencias actuales documentadas por el Lancet Countdown 2025.
No es un problema sectorial
Lo relevante no es cada impacto por separado, sino su combinación.
Calor, contaminación, estrés hídrico, inseguridad alimentaria y eventos extremos: todos operan simultáneamente sobre las condiciones que sostienen la vida. Esto introduce un cambio cualitativo fundamental: el cambio climático deja de ser un problema ambiental y pasa a ser un factor estructural de salud pública, productividad económica y estabilidad social.
Los impactos no son aislados ni lineales. Operan de forma acumulativa:
- aumento de temperatura → menor productividad laboral → menor crecimiento económico
- eventos extremos → daño a infraestructura → pérdida de capital productivo
- degradación ambiental → pérdida de capital natural → mayor vulnerabilidad
Lo que se configura no es una crisis climática en sentido estrecho. Es una presión sistémica sobre las bases materiales que sostienen la economía y la vida social.
El punto crítico: no es el clima, es la capacidad de respuesta
El cambio climático introduce incertidumbre. Pero el verdadero riesgo es otro: que nuestras estructuras económicas, políticas y sociales no estén preparadas para gestionarla.
Porque cuando los sistemas fallan, no se interrumpe solo la producción: se interrumpe la organización de la vida.
Una aclaración necesaria
Incorporar estos datos no implica caer en el alarmismo. Muchos impactos ya son inevitables —están comprometidos por las emisiones históricas acumuladas. Pero su magnitud y sus consecuencias sociales aún dependen de lo que hagamos ahora. La diferencia entre actuar y no actuar no es entre un mundo perfecto y un mundo imperfecto. Es entre un mundo difícil y manejable, y un mundo difícil e inmanejable.
La pregunta correcta
No es si el cambio climático va a avanzar.
La pregunta es:
¿vamos a seguir reaccionando tarde… o vamos a reorganizar la forma en que sostenemos la vida?
Referencias (APA 7)
Lancet Countdown. (2025). 2025 report of the Lancet Countdown on health and climate change: Climate change action offers a lifeline. The Lancet / WHO. https://www.who.int/news/item/29-10-2025-climate-inaction-is-claiming-millions-of-lives-every-year--warns-new-lancet-countdown-report
Oxford Economics. (2026). The global economic costs of climate inaction. https://www.oxfordeconomics.com/resource/the-global-economic-costs-of-climate-inaction/
Waidelich, P., Batibeniz, F., Rising, J., Kikstra, J. S., & Seneviratne, S. I. (2024). Climate damage projections beyond annual temperature. Nature Climate Change. https://doi.org/10.1038/s41558-024-01990-8
WHO/WMO/ILO. (2025). Climate change and workplace heat stress: Technical report and guidance. World Health Organization. https://www.who.int/publications/i/item/9789240099814
World Meteorological Organization. (2025). WMO confirms 2024 as warmest year on record at about 1.55°C above pre-industrial level. WMO.

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