Resiliencia con los pies en la tierra

Hay palabras que se ponen de moda y, de tanto repetirlas, terminan vaciadas de sentido. “Resiliencia” es una de ellas. Hoy la encontramos en discursos empresariales, en charlas motivacionales y también en libros bien intencionados que hablan de adaptarse, transformarse y “co-construir” realidades nuevas.

En estos días estuve leyendo el libro “La Resiliencia Sociocultural del Siglo XXI: el desafío de nuestro vuelo colectivo para co-transformar la realidad”. Un trabajo serio, trabajado, con muchas voces y marcos teóricos. Se nota el esfuerzo, el oficio y la sensibilidad de quienes lo escriben.

Pero mientras lo leía sentí algo que no podía pasar por alto: se habla de resiliencia, de complejidad, de vínculos, de procesos… y casi no aparece el elefante en la habitación: la crisis climática, el agotamiento energético y el colapso de los sistemas que sostienen la vida diaria.

Y ahí aparece inevitablemente el contraste con el Manifiesto 1mpul50, que no nace en un aula, sino en el barro de la práctica, en la intuición de que “el sistema global que nos sostiene se ha vuelto insostenible” y que la resiliencia ya no es una metáfora psicológica, sino una necesidad de supervivencia territorial.

El libro: resiliencia mirada desde adentro del sistema pone el foco en algo importante: los vínculos, las comunidades, los procesos educativos, las emociones, la subjetividad. Hablan de “co-desarrollar promotores de resiliencia”, de “co-transformar la realidad”, de acompañar a personas, familias e instituciones a atravesar tiempos difíciles.

Todo eso es valioso. Pero hay una premisa que se da por sentada: que el mundo en el que vamos a “co-transformar” sigue siendo más o menos el mismo (¿?). Que habrá empleo, energía, alimentos, agua, logística, infraestructura, estados que funcionan y mercados que más o menos responden.

En otras palabras: el libro piensa la resiliencia como algo que ocurre dentro de un sistema que se mantiene en pie. No cuestiona si ese sistema es viable en el tiempo. No entra a fondo en la emergencia climática. No se pregunta demasiado qué pasa si lo que se cae no es solo la estabilidad emocional, sino las bases materiales de la vida en comunidad.

El Manifiesto 1mpul50 parte de otro lugar. No habla de “realidad compleja” en abstracto, sino de algo mucho más concreto: el desajuste entre un modelo económico-cultural y los límites físicos del planeta. Ahí no se discute si estamos cómodos o no con el modelo. Se parte de una frase incómoda, pero honesta: el planeta no se está muriendo, lo que está en crisis es la forma humana de habitarlo...

Por eso, cuando en 1mpul50 hablamos de resiliencia, hablamos de:

  • Autosuficiencia territorial y producción local.
  • Energía que se pueda sostener localmente.
  • Alimentos que no dependan de cadenas frágiles y lejanas.
  • Moneda social, redes de trueque y cooperación concreta.
  • Comunidades preparadas para mitigar, contener y cultivar en medio de la crisis.

La resiliencia acá no es solo una capacidad psicológica. Es un entrenamiento civilizatorio para vivir en un mundo donde el clima cambia, los recursos se tensan y la famosa “normalidad” ya no vuelve igual.

Primer cuadro: desde dónde miramos la realidad

Para ordenar la comparación, empecemos por las premisas de fondo:

Dimensión Libro “Resiliencia Sociocultural del S XXI” Manifiesto 1mpul50
Realidad central Social, emocional, educativa. La crisis es ante todo subjetiva y comunitaria. Ecológica, energética y territorial. La crisis es sistémica y material.
Cambio climático Aparece, si aparece, como telón de fondo, no como eje. Eje explícito: condiciona todo lo demás.
Energía y recursos Prácticamente ausentes en el análisis. Variables clave: definen qué es posible y qué no.
Rol del sistema actual Se lo da por existente; se busca adaptarse dentro de él. Se lo considera insostenible; se busca transitar más allá de él.
Escala protagonista Persona, familia, institución. Territorio, comunidad local, redes prosumidoras.

 Segundo cuadro: qué propone cada enfoque cuando dice “resiliencia”

Después de las premisas, vienen las herramientas. ¿Qué se hace, concretamente, en nombre de la resiliencia?...

Aspecto Libro “Resiliencia Sociocultural del S XXI” Manifiesto 1mpul50
Tipo de resiliencia Psicosocial: emociones, vínculos, sentido de pertenencia. Sistémica: energética, alimentaria, social y emocional al mismo tiempo.
Acciones principales Reflexionar, co-construir, acompañar procesos, generar espacios de diálogo. Mitigar la crisis climática localmente, crear contención comunitaria, cultivar resiliencia integral.
Rol de la comunidad Espacio de sostén emocional y social. Unidad básica de supervivencia, producción y cuidado mutuo.
Economía Prácticamente no problematizada. Re-localizada: trueque, moneda social, oficios, redes de cooperación.
Tiempo Se piensa en una continuidad histórica más o menos estable. Se habla de transición y de “tiempos de colapso” como escenario real.

Tercer cuadro: ¿para qué mundo prepara cada narrativa?

La pregunta clave no es solo qué dicen, sino para qué tipo de futuro nos preparan.

Pregunta Libro “Resiliencia Sociocultural del S XXI” Manifiesto 1mpul50
¿Qué tipo de crisis imagina? Conflictos, heridas psicosociales, desigualdad, malestar. Choques climáticos, colapsos energéticos, alimentarios y sociales combinados.
¿Qué pasa si se corta la energía, escasean alimentos o colapsa la logística? El marco conceptual no lo aborda en profundidad. Es el escenario de trabajo: por eso se habla de autosuficiencia y redes resilientes.
¿Dónde se apoya la esperanza? En la co-transformación cultural y la fortaleza emocional. En la organización local, la capacidad de producir, compartir y cuidar.
¿Qué tipo de resiliencia fomenta? Resistencia del relato: cómo nos contamos lo que vivimos. Resistencia del sistema vivo: cómo seguimos viviendo pese al colapso.

El problema de fondo: resiliencia sin planeta

Hasta acá, podríamos decir: son dos enfoques distintos, cada uno con su aporte. Y es cierto. El trabajo emocional, pedagógico y comunitario que presenta el libro no es menor, y en muchas situaciones puede hacer una diferencia concreta en la vida de las personas.

El problema aparece cuando esa narrativa de resiliencia se instala como si fuera suficiente. Cuando se habla de “adaptarnos a la realidad” sin decir que esa realidad incluye: sequías, inundaciones, pérdida de suelos fértiles, cadenas de suministro frágiles, guerras por recursos y tensiones crecientes.

Si la resiliencia no incorpora límites biofísicos, se transforma en una especie de yoga conceptual: nos ayuda a estar un poco más tranquilos mientras el edificio se agrieta, pero no dice nada sobre cómo reforzar los pilares o, llegado el caso, cómo salir a tiempo por la escalera.

Y ahí es donde una teoría puede volverse peligrosa sin quererlo: cuando entretiene, consuela o ilusiona, pero no prepara.

No se trata de “pegarle” a la academia, sino de ajustar el foco

Este texto no busca desacreditar a las autoras del libro ni negar el valor de su trabajo. Al contrario: expresa lo que ocurre cuando una parte del mundo académico sigue pensando problemas del siglo XXI con mapas del siglo XX.

El planeta cambió de fase. El clima ya no es un telón de fondo. La energía barata y abundante ya no es algo que se pueda asumir como una constante. Los sistemas globales son cada vez más frágiles y tensos.

En ese contexto, hablar de resiliencia sin mencionar estos elementos es como enseñar a navegar mirando solo las emociones de la tripulación, pero sin ver el pronóstico del tiempo ni el estado del casco del barco.

Por eso, el Manifiesto 1mpul50 insiste en otra cosa: no hay resiliencia cultural posible sin resiliencia ecológica previa. No hay “co-transformación de la realidad” si esa realidad está literalmente siendo desmantelada.

Lo que me interesa dejar claro

Lo que busco al poner frente a frente el libro de resiliencia sociocultural y el Manifiesto 1mpul50 no es ganar una discusión teórica, sino esclarecer el terreno en el que estamos parados, porque de ese diagnóstico salen dos caminos muy diferentes:

  • Uno nos invita a seguir debatiendo, trabajando emociones y co-construyendo relatos, suponiendo que siempre habrá tiempo para ajustar.
  • El otro nos recuerda que el tiempo ya no sobra, y que necesitamos preparar comunidades concretas para mitigar, contener y cultivar en medio del colapso.

En 1mpul50 elegimos lo segundo. No porque seamos más lúcidos, sino porque el cuerpo, la experiencia y los datos nos dicen que el futuro no va a ser una versión un poco más complicada del presente. Será otra cosa.

Y ante esa otra cosa, la resiliencia que necesitamos no es solo la capacidad de sostener el ánimo, sino la de sostener la vida.

Por eso, si vas a usar la palabra “resiliencia”, que sea completa: con vínculos, sí, pero también con huertas, agua, energía, oficios, redes de intercambio y comunidades preparadas.

Porque cuando las sirenas del siglo XXI suenen más fuerte, no va a alcanzar con un buen relato: vamos a necesitar un lugar donde seguir viviendo.

Horacio Covas – 1mpul50 Acción Local

Comentarios

Entradas populares de este blog

MANIFIESTO

Confianza: la moneda que no pueden devaluar

Un patito y una sonrisa